martes, 22 de marzo de 2016

[Veinte minutos] por Hipólito G. López






[Veinte minutos]
por Hipólito G. López

Hoy, tras meses y meses sin escribir para este blog, sigo sin escribir. Pero me descuelgo con esta serie fotográfica que me inspiró esta semana tan señalada de mi ciudad natal, Sevilla, y en la que todavía nos encontramos.

Volveré, y espero no tardar en hacerlo. Mi hermano y compañero de viaje, A. Mejías, seguirá algo más perdido por ahora, pero siempre cerca de estos corchetes.

Un abrazo, amigos.

Hipólito G. López.

martes, 19 de mayo de 2015

[Leones de alcantarilla] por Hipólito G. López


[Ilustración propia]
Basado en la cruda realidad. ¡Pero con alegría!
Hipólito G. López.

Escucho los revoloteos perezosos de los insectos que se acercan. Unos suenan agudos y otros más graves o incluso algo torpes; no llegan a formar una melodía, pero casi.

Veo cómo uno de menor tamaño se acerca atraído por la madera y el grafito. Quizás el olor y su proximidad a la lumbre sea plato de gusto para el mosquito. Otros dos o tres coquetean con la fuente de apenas cuarenta vatios que ilumina mi dormitorio. Mientras tanto, todos son observados por la cautelosa mirada de la polilla que preside la estampa desde su posición privilegiada, justo en lo alto de la cortina.

Entre manotazos, también perezosos por mi parte, líneas torcidas por el cansancio y borrones injustificados, acabo la entrega para mañana.

Apenas podré dormir unas horas antes de salir de nuevo a pelear, pero dos son ya más que suficiente...

Malditos sean estos bichos. La única luz del vecindario, claro, tenían que venir todos aquí, a robarme mi poco sueño. Tan solo espero que no se despierten las cucarachas, ni las otras bondades de alcantarilla.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

[Otros doce] por Hipólito G. López

[Fotografía por Hipólito G. López]
Colonias, colonias, colonias y más colonias. Y mantecados, ¡no olvidemos los mantecados! Pero no acaba ahí, no. Luego vienen las cenas. Cenas, almuerzos y desayunos casi febriles. Empachos y borracheras de película. Cava y ginebra, chocolate y turrón. Y ¡já!, me río yo; como remate las compras. Algunos papanoeles y luego el trío de reyes, cada uno con sus ases bajo la manga y colas interminables. Pero no, aquí tampoco acaba la cosa, ¡ojalá! No olvidemos darle caña a esos exámenes que nos acojonarán en unos pocos días ni soportar a ese jefe que casualmente nunca deja un pedido a medio hacer. Todo esto y mucho más en apenas catorce míseros días estirados hasta sus respectivas noches.

A joderse tocan, que son doce y encima te atragantas si no te las compras en lata. ¿Y para qué? En años como este para ni poder disfrutar con los regalos. Esos que te hacen poner caras imposibles y que ¡uy, qué ilusión me ha hecho esto!

Pues sí, demasiado cortas. Pero ya se sabe que lo bueno, si breve, dos veces jodido. Aunque no nos engañemos, a todos nos encantan esas caras imposibles y esas noches infinitas de alcohol y desenfreno.

¡A tomar por culo! Yo me pido otra. Y por si no lo habían notado: feliz año nuevo y que lo pasen ustedes bien.

viernes, 19 de diciembre de 2014

[Trincheras] por A. Mejías

El sentimiento de sublevarse y montar una revolución no es algo circunstancial. No vamos por ahí buscando un fin, lo que amamos son los medios. A pesar de que a veces la crueldad de estos nos haga mentir y citar lo que Maquiavelo nunca dijo.

Y no lo dijo porque es mentira. Porque el fin no justifica los medios. Es tan sencillo como entender que en la vida, en la política y en el amor solo existen los medios, los fines son mentiras, autoengaños.
Es el sexo lo único que tiene un fin. Un buen fin, apoteósico en muchas ocasiones, pero efímero, y en mayor o menor medida olvidadizo.

Y es porque el sexo, a diferencia de todo, tiene un propósito. Y son los grandes propósitos los únicos que nos pueden hacer abandonar el sexo. Estar demasiado ocupados como para salir a ligar, como para comerse la cabeza pensando qué decirle a esa chica, o chico, que lleva quince minutos sin quitarte ojo de encima.

Nuestro club es el club de los que aman los medios, los finales solo nos gustan porque son finales y no hay nada más allá, porque dan la posibilidad de volver a empezar.
Aprendimos hace tiempo que las utopías cuando se cumplen son horribles. Y que el amor solo interesa cuando se vive el intenso drama que siempre lleva a la desastre.

Si me permiten un consejo, huyan de la paz pactada, de la estabilidad y del construir juntos un futuro.
Si quieren paz quédense con lo efímero, les aseguro un final feliz. A nosotros déjennos la guerra.

jueves, 4 de diciembre de 2014

[Fin de siglo] por A. Mejías

Los últimos coletazos de mi etapa como estudiante me dejan el regalo de una segunda adolescencia. La necesidad de  mantenerse firme ante la incertidumbre hace que viva en un acto de rebeldía constante. Una reafirmación de mi mismo que se manifiesta como choque frontal hacia todo aquello que no soy, por la sencilla razón de que demostrar lo que soy es más un acto de heroísmo que de inercia vital.

Aquellos que viven en el “subdesarrollo” son felices porque tienen esperanza, el “desarrollo” en decadencia solo trae angustia. Mi generación es la primera que desea haber nacido unos años antes. Pertenezco a ese grupo de personas que no pudieron irse cuando debían irse y que deben irse cuando más acojona. Cuando no es una aventura dulce, cuando es una enriquecedora putada. El exilio es lo que más asusta, el romanticismo del exiliado lo que más entusiasma.

Se cierra una etapa y lo hago con la certeza de saber lo que es amar intensamente. También con la impotencia de haberme dejado cosas esenciales por vivir. Y a eso voy, a buscar esas cosas que me dejé y que nunca volverán, pero que merece la pena buscarlas. Las palabras ahora son una jaula para expresar lo que siento, este texto no hace honor a mi miedo, a mi frustración y mucho menos a mi ilusión. Escribiré ríos de tinta sobre este tema y vosotros seréis testigos. Os jodéis. 

martes, 25 de noviembre de 2014

[Sueño y humanidad] por Hipólito G. López

[Fotografía por Hipólito G. López]
Un bello vergel, diminuto, en comparación con la gran esfera, se extiende tan solo unos kilómetros trazando un breve pero intenso descanso. Un sueño en que se sumen una fauna y una flora objeto de envidia para el resto de ecosistemas y sus habituales estudiosos.


A sus anchas y en su estrechez, ese pequeño lapsus espacial deja al margen la dualidad, la humanidad, custodiado por los fusiles y las tristes miradas de una marchita Corea que hasta parece querer conservar dicha maravilla durante el resto de su existencia.


Con estos humildes párrafos invito a descubrir algo que para mi sorpresa, e ignorancia, ocurre desde hace años en la DMZ [zona desmilitarizada] entre las dos Coreas. Algo asombroso entre la locura humana y la fuerza de la naturaleza.